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🌫️ Cuando todo se vuelve gris…

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Hay días en los que todo parece teñirse de gris. Días en los que, por más que das, siempre parece haber alguien que retrocede tu esfuerzo. Que se queja sin mirar las noches sin dormir, las horas robadas a tus propios sueños, el cansancio que camuflas con una sonrisa.


Y tú, como siempre, respondes: “No pasa nada, está bien… quizá no soy tan buena.”


A veces una sola sonrisa, una palabra de aliento de un alumno, es suficiente para sostenerte. Un “Profe, no se preocupe, aquí estamos” basta para seguir. Pero otras veces… no.


Otras veces las críticas injustas pesan más. Las exigencias vacías, la falta de gratitud, la mirada que no ve todo lo que ya diste sin pedir nada a cambio. Y entonces llega esa vocecita cruel que susurra:


¿Será que soy una farsa? ¿Será que no sirvo? ¿Por qué no logro salir? ¿Qué estoy haciendo mal?


Y ahí… justo ahí, cuando ya ni el agradecimiento alcanza para sostenerte… aparece tu ancla. Ese sol que no puedes nombrar, pero que lo ilumina todo. Ese atardecer que, como un milagro sin religión, te recuerda que todavía puedes caminar un poco más. Que ya falta poco. Que todo va a salir bien.

Porque dentro de ti hay fuego, aunque a veces solo quede una chispa. Y basta una chispa para volver a encender la vida.


Porque no estás sola. Porque lo que sientes… muchas también lo hemos sentido.


Pero no solo se trata de nombrar el dolor. Se trata de transformarlo.


Y aquí está la enseñanza:


✨ Aprendí que darlo todo no me hace menos valiosa cuando no lo reconocen. ✨ Aprendí que mi cansancio también tiene derecho a ser visto, y no solo disfrazado de fuerza. ✨ Aprendí que si alguien no ve mi entrega, no soy yo la que está fallando. ✨ Aprendí que seguir, aunque sea con una chispa, también es un acto sagrado de amor propio. ✨ Aprendí también que no todas las batallas merecen mi energía. Que hay espacios donde una se desgasta cuidando lo que otros ni siquiera valoran. Y que está bien soltar el rol de salvadora cuando lo que se necesita no es ayuda, sino compromiso compartido. ✨ Aprendí que acompañar no es lo mismo que cargar. Y que cuando se espera que una sea guía, terapeuta, madre y solución… sin respeto ni reciprocidad, también se vale poner límites con dignidad.


🌾 Si este texto te tocó en algún rincón del alma, si alguna vez te preguntaste "¿por qué sigo si nadie lo ve?", déjame un comentario. No por compromiso. Hazlo para darte permiso de sentir, de no cargar sola, de abrir un espacio donde otras también puedan decir: a mí también me ha pasado.


Esto es Synesia. Y aunque a veces parezca un desierto… una sola palabra tuya puede ser el primer brote 🌱.¿Te animas a dejarla aquí abajo?

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