El Ingenio del Barón de Itararé: Una Lección de Humildad
- Julia Perellón M
- 10 jul 2024
- 2 Min. de lectura
En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:
—“¿Cuántos riñones tenemos?”
—“¡Cuatro!”, responde el alumno.
—“¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos.
—“Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar.
—“¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, por cierto, el humorista Aparicio Torelly Aporelly (1895-1971), más conocido como el “Barón de Itararé”.
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:
“Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.
La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás.
Reflexión sobre el lenguaje
Antes de continuar, quisiera pedir disculpas a mis lectores, pues lo que voy a expresar puede interpretarse malamente debido a las sensibilidades y pensamientos actuales. Mi intención no es ofender, sino invitar a una reflexión crítica y respetuosa.
La anécdota del Barón de Itararé nos invita a reflexionar sobre el uso correcto y respetuoso del lenguaje. Hoy en día, vivimos en una época de cambios y adaptaciones lingüísticas, donde términos como "todos", "todas" y "todes" han generado debates intensos.
El español es una lengua rica y precisa, que nos permite expresar nuestras ideas y emociones de manera clara y efectiva. Sin embargo, el uso inapropiado o excesivo de variantes como "todes" puede llevar a una confusión y deterioro de la calidad comunicativa. Aunque es fundamental respetar y promover la inclusión, también es vital hacerlo sin comprometer la integridad y belleza de nuestra lengua.
El lenguaje no solo es una herramienta de comunicación, sino también un reflejo de nuestra cultura y pensamiento. Es esencial encontrar un equilibrio donde podamos ser inclusivos y, al mismo tiempo, mantener la coherencia y fluidez del idioma. Utilicemos nuestras palabras con sabiduría y respeto, reconociendo su poder para construir puentes y no para dividirnos. Recordemos siempre que el verdadero objetivo del lenguaje es entendernos mejor, no complicar innecesariamente nuestra comunicación.
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