La Revolución Que Construye
- Julia Perellón M

- 11 mar.
- 2 Min. de lectura

En tiempos donde las voces se alzan con fuerza, es inevitable preguntarnos cuál es el verdadero propósito de la lucha. El feminismo ha sido una bandera de transformación, un movimiento que ha dado voz a quienes fueron silenciadas por siglos. Pero en ese clamor de justicia, han surgido distintas maneras de exigir cambios, algunas que construyen y otras que destruyen.
Comprendo el dolor detrás de la ira. Comprendo la necesidad de hacer ruido cuando el silencio ha sido impuesto por generaciones. Pero también me pregunto: ¿no es acaso más revolucionario demostrar que la fortaleza de una mujer radica en su capacidad de crear, de transformar sin necesidad de arrasar con lo que también es valioso?
La violencia genera ruido, sí, pero el ruido no siempre genera conciencia. A veces, solo deja escombros donde antes había espacios de encuentro. No podemos negar que la historia está llena de revoluciones que nacieron en la sangre y el fuego, pero también de aquellas que surgieron desde la resistencia pacífica, desde la educación, el arte y la palabra.
No se trata de callar ni de pedir permiso. Se trata de recordar que la verdadera fuerza no está en la destrucción de lo bello, sino en la construcción de algo mejor. Que la lucha feminista, en su esencia más pura, no es solo para exigir derechos, sino para recordarnos a todas y todos que el amor, la justicia y el respeto son la base de cualquier cambio genuino.
Si el propósito es dejar un mundo mejor, ¿no es más poderoso hacerlo desde la paz que desde la guerra? Porque hay luchas que solo triunfan cuando, en lugar de cenizas, dejan raíces profundas y duraderas.
Las grandes transformaciones no siempre necesitan caos; muchas veces, lo verdaderamente revolucionario es sanar, enseñar y crear. Construyamos desde la fuerza que nos da el conocimiento, desde el amor que nos conecta, desde la resiliencia que nos hace imparables.
Si queremos un mundo donde todas y todos tengamos un lugar, empecemos por ser el cambio que queremos ver. La verdadera revolución no solo cambia leyes, cambia corazones, cambia conciencias. Y esa es la más poderosa de todas.
¿Cómo eliges revolucionar el mundo hoy?
Déjamelo en los comentarios.
Julia Perellon M











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